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domingo, 1 de noviembre de 2009

Carlos Mastronardi

Nació en Gualeguay, Entre Ríos, Argentina, en 1901 y murió en 1978. puede distinguirse en Mastronardi una faceta de constante reflexión en su incansable buscar formas y recursos literarios, elaborando una teoría que sustente su decir. Desde muy joven le atrae la pintura y el dibujo; no aparece por entonces su interés literario aunque dio a conocer algunos textos de corte humorístico en su provincia...
...Para tipificarlo habría que agregar que mientras Borges catnó, en sus primeros versos, al suburbio porteño, Mastronardi centra su interés en su pueblo. En su estilo conseerva la estrofa regular y prefiere los versos medidos y rimados.



Entrada en el desierto

Dicen que en este lugar he vivido,
pero no reconozco ni personas ni casas,
que si alguna vez miré, se disiparon.
Paso junto a unas puertas y unos patios sin voces,
indescifrables, mudos,
como si los hubiesen dejado en un desierto.
Nada de lo que tuve me espera en este pueblo.

A quién preguntar por aquel árbol
y por aquel jilguero que cantaba
en la serena siesta, si no quedan recuerdos,
y las cosas existen y se afirman
en el pasado mutuo, cuando alguien las comparte
y no se derrumbaron con las almas.

Soy el desconocido, el forastero,
como siempre le ocurre a alguien que retorna
cuando ya se borró lo que fue suyo.
Sólo advierto - quimera y simulacro -
unas sombras ruidosas, unos rostros anónimos.

Quiero saber de aquella madreselva
que era agasajo y sueño de unas tapias
rojizas, vacilantes por el lado del río.
Nadie responde. Llegan los meses agradables
y es otra, sin embargo, esta delicia,
esta luz que en noviembre inspira al pájaro.

Regreso después de años, y me digo
que en los acuerdos íntimos se asienta
la realidad incógnita. No hay señales ni me ampara
esa querida gente que acaso huyó con ella.
Ya no queda ninguna,
ni siquiera enemigos para exaltar el ánimo.

No encuentro el sauce pródigo que me obsequiaba sombra,
ni esa piedra pulida por el tiempo,
ni aquel grillo selvático que esperé muchas tardes.
Yo estaba y era en ellos. Me ayudaron
a cavar el abismo del futuro.

En las cosas me apago,
ya que, agónica y siempre, la versátil sustancia
vacila entre su fin y su principio
en vaivén que consume nuestros días.
Todos han muerto. Espejo sin imagen,
enfrento una penumbra despoblada.

El pasado se adueña de la noche
y anda en el lastimado viento solo,
que al desvelar distancias
sufre un idioma de ladridos pobres.
No hay un alma. Lo extinto reaparece
cuando la vida calla, y se apacigua
para sentir más cerca los ausentes.
Busco una calle, piso unas baldosas,
donde mis lentos pasos no resuenan
y doy con unas casas ignoradas
sin poder recobrarme. Soy ahora el extraño
que ha perdido las huellas del tiempo aquí dejado.
Esperaba un jardín, y miro un páramo.
El mundo real se oculta. Aquí no hay nada.

(Inédito, publicado en El Diario de Paraná, el 23-06-1976)


Fuente:

http://www.autoresdeconcordia.com.ar/

Historia de la literatura argentina. La Poesía de 1922. Capítulo 69. Centro Editor de América Latina. Bs. AS. Argentina. 1980. pág. 85.

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Datos personales

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Docente Universitario: Facultad de Ciencias Veterinarias (UBA), Universidad Nacional de General Sarmiento, Universidad Nacional de José C. Paz.
Medico de Planta del Hospital Escuela de la Facultad de Ciencias Veterinarias (UBA)

Especialidades: Veterinario (UBA)
Licenciado en Ciencias Biológicas (UBA)
Docente Autorizado (UBA)/ Especialista en Docencia Universitaria