
Rostros
"Ante el viento lacustre, los rostros familiares se desdibujan,
se mezclan con la piedra, penosamente, hasta que los
acantilados se vuelven visibles. Pues sin nostalgia no se ve
nada, el paisaje es de un blanco salvaje de donde brota a
veces un alarido agónico, sin eco. La trucha salta, altera
un poco esa monotonía inquietante, hasta que llega la
resignación: suaves colores comienzan a rodear al alma
inmóvil y la mirada llega tan lejos que es imposible volver".
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